GILBERTO | GUZMÁN
) Guerrero Informado
En política, las formas suelen ser el disfraz de los fondos. Algo así presenciamos (…) cuando, desde el púlpito de la “mañanera”, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó suavizar con elogios lo que en los pasillos de Palacio Nacional se interpreta como una salida inevitable. Esthela Damián Peralta dejará la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal el 30 de abril con un boleto de avión rumbo a Guerrero; sin embargo, en su equipaje arrastra el peso de una reforma electoral que terminó convertida en escombros y que evidenció la incapacidad técnica y de negociación en el gabinete federal. Pese a contar con la mayoría en las cámaras del Congreso de la Unión, la reforma nació muerta.
El discurso oficial esta mañana ha sido impecable: la funcionaria se va por voluntad propia, al “llamado de su tierra”, para buscar la candidatura a la gubernatura en 2027. Sin embargo, resulta difícil conciliar la narrativa del “trabajo muy bueno” que le atribuyó la mandataria con el estrepitoso fracaso del pasado 11 de marzo. Aquel día, la reforma electoral —la pieza más ambiciosa del calendario político de 2026— no solo fue bateada por la oposición, sino que exhibió una preocupante orfandad técnica y política que dejó a Morena solo, abandonado incluso por sus aliados históricos del PT y el Verde.
¿Cómo se explica que una Consejería Jurídica “eficiente” permitiera que un documento con errores tan básicos como la omisión de la paridad en regidurías llegara al pleno? La pifia técnica fue el combustible que la oposición necesitaba para incendiar la propuesta, pero la ruptura del bloque oficialista fue el golpe de gracia. Que el PT y el PVEM le dieran la espalda a una iniciativa presidencial es un síntoma de que el “planchado” jurídico y político que le correspondía a Damián simplemente nunca existió.
Ahora, la mirada de Damián Peralta se posa en Guerrero. Pero el estado suriano, con su complejidad histórica y su efervescencia social, no es precisamente un balneario para el retiro de funcionarios en desgracia. Si Esthela Damián pretende presentarse como la carta de la continuidad y el rigor, tendrá que explicar primero por qué en la capital del país se le escapó de las manos la reforma que debía definir las reglas del juego democrático para los próximos años.
Indudablemente, Esthela tendrá que demostrar si tiene la piel lo suficientemente dura para sobrevivir al ala radical del morenismo guerrerense, liderazgos que con antelación se pronunciaron contra una eventual postulación del senador Félix Salgado Macedonio, reclamando su derecho de decidir sobre las candidaturas por ser fundadores del partido, y que difícilmente aceptarán una imposición desde Palacio Nacional. Tal como lo hizo en 2021 el expresidente Andrés Manuel López Obrador con Salgado Macedonio, ahora Claudia Sheinbaum dicta la misma línea, aunque en el discurso diga lo contrario.
Como curándose en salud, la presidenta se apresuró a declarar que “no tiene candidatos ni candidatas” y que habrá “piso parejo” en la contienda interna por la candidatura. Es un deslinde preventivo lógico: nadie quiere cargar con el costo de una derrota anticipada si la aventura guerrerense de su exconsejera no cuaja.
La salida de Damián el 30 de abril cierra un ciclo de claroscuros en la Consejería Jurídica. Mientras ella alista su proselitismo en tierras guerrerenses, en la Ciudad de México queda el vacío de una reforma que nació muerta y la duda razonable de si su partida es un ascenso pactado o un exilio decoroso tras haber perdido la brújula en el Congreso de la Unión. Guerrero decidirá si la recibe como la hija pródiga o como la técnica que falló en el momento más crítico.
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